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Los desafíos en la vida van a suceder. Jesús dijo en Juan 16:33: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”  ¿Viste eso?  Él dijo: “Tendréis sufrimiento en este mundo”. Dios sabe que experimentaremos desafíos. Sin embargo, Su palabra promete en el mismo pasaje que en medio de nuestros desafíos, podemos tener paz y valor porque Jesús se ha encargado de todo.

Algunos desafíos son fáciles de manejar y otros se sienten que son demasiado difíciles de soportar. Entonces, si sabemos que van a suceder, ¿cómo podemos estar preparados para enfrentarlos de manera efectiva? Aquí hay tres pasos que te ayudarán a tener éxito cuando enfrentes desafíos de cualquier tipo.

 

Paso uno: Comprende tus emociones.

Boom, sientes que un desafío te golpea en la cara. Las emociones emergen.

Mi esposa y yo recibimos recientemente una nota de parte del maestro de nuestro hijo informándonos que él está teniendo dificultades en la escuela y necesita ayuda adicional. Inmediatamente después de leer esta nota empezamos a tener sentimientos fuertes. Mi esposa estaba enojada porque por meses había estado enviando correos electrónicos a los maestros de nuestro hijo pidiendo ayuda y apoyo adicional porque él había tenido dificultades con su tarea. Yo me sentí frustrado e irritado porque había estado trabajando con él en casa en estas cosas con poca o ninguna mejora.

El primer paso cuando surge un desafío es comprender nuestros sentimientos y emociones. Debemos reconocer nuestras tendencias y reconocer que tenemos ciertos sentimientos que tienden a surgir al inicio de cualquier desafío. Si no evaluamos cómo nos sentimos, terminamos reaccionando a partir de nuestras emociones. Nuestras emociones se convierten en dictadores de nuestras acciones en lugar de indicadores de una posible reacción. Disminuye la velocidad y tómate el tiempo para evaluar tusemociones antes de reaccionar.

 

Paso dos: Habla contigo mismo.

Hablar contigo mismo no es una locura, es parte del proceso. Todos lo hacemos, todos tenemos este diálogo interno con nosotros mismos, es parte del procesamiento de lo que estamos enfrentando. La clave aquí es ser honestos con nosotros mismos y mantenerse en guardia.

Después de que mi esposa y yo leímos la nota y reconocimos nuestras emociones, comencé a tener un diálogo interno conmigo mismo. Haciéndome preguntas como: “¿Nos comunicamos claramente?” “¿Le pasa algo a mi hijo que yo no sepa?” “¿Por qué estoy tan frustrado ahora? ¿De dónde viene esto?” Este diálogo interno me ayudó a no explotar en medio de este pequeño desafío. Hablarme de las emociones que sentí inicialmente también me ayudó a identificar pensamientos que eran especulativos y falsos. Recuerdo haber pensado: “Esta maestra está tras mi hijo”. Y a medida que lo procesaba internamente, comencé a dejar de pensar porque ¿por qué querría ella solamente “ir tras” mi hijo? Hacerme estas preguntas me ayudar a callar las mentiras.

Reconocer tus emociones te ayuda a ser honesto en tu diálogo interno y a poder ver más allá de lo que tienes delante. Mantenerse en guardia en esto es saber que una de las armas más grandes que tiene Satanás son las mentiras. Las Escrituras dicen: “Cuando miente, actúa de acuerdo con su naturaleza porque es mentiroso y el padre de la mentira.” (Juan 8:44)  La mejor manera de hacerte tropezar es hacerte creer mentiras, especialmente en medio de una situación desafiante. Cuando crees en sus mentiras, empiezas a llenar huecos que no están presentes y que simplemente no tienen fundamento. A menudo hacemos esto y provocamos que surjan aún más emociones que en realidad no deberían estar presentes. Llegamos a conclusiones que son infundadas y simplemente no son ciertas. A medida que procesas el desafío, ser honesto y mantenerse en guardia te ayudará a mantener la calma y a estar consciente de todos los elementos de tu situación. Esto te ayudará a pasar al paso final.

 

Paso tres: Avanzar en una dirección.

Luchar o huir, hundirse o nadar, como sea que lo llames, todos nos movemos en una dirección u otra en medio de un desafío. Todos debemos tomar una decisión.

En el ejemplo de mi hijo, mientras trabajábamos en este proceso, pudimos expresar nuestra frustración con su maestra sin destruir nuestra relación con ella. Pudimos hablar sobre cuántas veces la contactamos sobre su trabajo escolar, y a su vez juntos ideamos un plan de acción que finalmente  lo ayudará a largo plazo. También pudimos escuchar su corazón por querer verlo triunfar, realmente ella no deseaba “ir tras él”. Abordamos nuestras emociones, identificamos las mentiras que habíamos creido y avanzamos en la dirección que haría lo mejor por nuestro hijo.

Los desafíos generan incertidumbre y la incertidumbre exige una conclusión. No todos los desafíos son simples pero tenemos que avanzar en una dirección y tomar una decisión. La parte difícil es que cuando estamos en medio de un desafío, tendemos a dejar de lado la razón y apoyarnos en nuestras emociones. Si puedes comprender tus emociones y tener un diálogo interno saludable, podrás llegar a este paso con la mente y el corazón despejados. Es posible que llegues a este paso y aún no comprendas completamente el desafío que enfrentas, pero lo estás procesando con hábitos saludables.

A continuación se muestra una forma sencilla de recordar estos pasos.

¿Qué estoy sintiendo -> Qué estoy pensando -> ¿A dónde voy?

Bobby Cooley
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    A Bobby le apasiona empoderar a los hogares de todo el país. Le encanta ayudar a los padres a asumir su responsabilidad como principales formadores de fe en sus hogares. Sirve a padres y adultos en la Iglesia Bautista Kingsland en Katy, TX. Es esposo, padre, pastor, entrenador y autor.